Sin lugar a dudas, para un ciclista, la pieza más importante de protección es el casco. Será por aquello de que la cabeza tiene difícil reparación.

Hace tres décadas se estableció como estándar el sistema In-Mold para la fabricación de cascos. Y las mejoras que a partir de entonces se han ido añadiendo han tenido que ver sobre todo con la ergonomía y la mejora de la ventilación. Pero desde hace unos años, han irrumpido otras tecnologías, como el sistema MIPS. Lo bueno, es que ambas tecnologías son compatibles.

Y es que los cascos, como casi todos los productos que tienen que ver con el mundo del ciclismo han sufrido cambios profundos. Vamos a verlos a continuación.

 

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¿Por qué hay tanta diferencia de precios en los cascos?

Hay dos factores que encarecen la fabricación de cascos. El primero, no podía ser de otro modo, es la tecnología, y el segundo la cantidad de cascos que puedan salir de un solo molde.

Hay muchos productos que dependen de un molde para su construcción: cuadros de carbono, botas de esquiar, cascos de bici, moto, esquí. Cuando la tirada de uno de estos productos es alta, la fabricación del molde —que es mucho más cara que la de uno de estos artículos por separado— determinará la rentabilidad y el precio total del producto. Por este motivo, por ejemplo, los cuadros de bicicletas de carbono bajan de precio cuando ya han pasado unos años y se ha amortizado el molde. Y lo mismo ocurre con los cascos. Si una misma carcasa sirve para varios modelos el precio final del casco será inferior.

Además, está la constante innovación a la que someten a sus productos los principales fabricantes, con el coste que ello genera. Pagar un departamento de investigación, con ingenieros, en este caso con asesores médicos, con robots y máquinas que sirvan primero para hacer una simulación teórica y luego para someter a los maniquíes a pruebas de impacto y de resistencia de materiales tiene un coste, y ha de trasladarse al precio del producto, en este caso al casco.

Hay artículos, como el casco, que el material con que se fabrican no es caro, pero la tecnología que lleva implícita sí lo es. Por si fuera poco, en el caso concreto del casco de ciclismo, es un producto relativamente nuevo. El casco se hizo obligatorio en pruebas UCI el 2003, no hace ni veinte años. Y desde entonces se han ido desarrollando varias tecnologías, pero las que han perdurado son dos, la In-Mold y la más reciente MIPS.

 

Tecnología In-mold

La tecnología In-mold se ha convertido en un básico, algo imprescindible si deseas comprar un casco. El In-Mold es un sistema de construcción que consiste en un recubrimiento plástico externo que va perfectamente fundido a la parte interna. Esta superficie fina y ligera aporta mayor rigidez al conjunto.

Los primeros cascos no contaban con esta recubrimiento, y se producían numerosas lesiones en cervicales porque la parte externa del casco no se deslizaba cuando la cabeza del ciclista impactaba contra el suelo. Tendía a quedarse pegada en el lugar donde había impactado, lo que implicaba graves lesiones en las cervicales. Viendo que se necesitaba algún sistema que integrara la protección interna (la que es capaz de absorber y disipar parte de la energía que se produce en el impacto) con la externa (que sea capaz de deslizar cuando se produzca dicho impacto) se diseñó la fabricación In-Mold.

En casi todos los cascos el material del interior es de poliestireno expandido, también conocido como EPS. Como hemos mencionado, esta parte es la responsable de absorber el golpe.

Este sistema se convirtió en un clásico y parecía que nada podría mejorarlo. Pero años más tarde surgió otro problema que resolvió un neurocirujano sueco llamado Hans Von Holst, tras comprobar que muchos ciclistas que habían sufrido un accidente y llevaban casco, tenían lesiones cerebrales. ¿Qué hizo? Desarrollar el sistema MIPS.

 

Tectonología MIPS

Como hemos comentado, la tecnología MIPS surge como resultado de estudios clínicos. Porque los primeros cascos se hicieron para proteger el cráneo. En ese primer momento no se dieron cuenta de que una cosa es proteger el cráneo y otro muy diferente proteger el cerebro. La diferencia estriba en que un objeto —en este caso el casco— puede hacer que el cráneo no sufra traumatismos, pero que ese mismo objeto haga desplazarse el cerebro dentro del cráneo y produzca daños cerebrales. Por no extendernos mucho en temas tan delicados, diremos que entre cerebro y cráneo tenemos un fluido llamado líquido cefalorraquídeo, que hace que flote el cerebro dentro del cráneo. ¿Y para qué flota? Para que en caso de colisión el cerebro pueda desplazarse dentro del cráneo y de este modo amortiguar parte del impacto sufrido.

El MIPS en una lámina plástica que se coloca entre las almohadillas y el interior del casco, y que se desplaza unos milímetros. Lo que hace es simular la acción del líquido cefalorraquídeo entre cerebro y cráneo. El MIPS desliza entre nuestro cráneo y el casco, para que parte de ese impacto lateral se absorba y no haga que choque el cerebro contra el cráneo y se produzca una lesión.

En choques frontales el MIPS no mejora apenas la capacidad de absorción, pero en golpes laterales —que en ciclismo son mayoría— la mejoría es notable.

De ahí que ahora, las principales marcas de cascos hagan simulaciones de choques frontales, laterales, oblicuos y de todo tipo.

 

Adaptabilidad y ergonomía

En otras ocasiones hemos hablado de la adaptabilidad y hemos dicho que es la facilidad para que un objeto se adapte a nuestras necesidades. Y también hemos descrito la ergonomía como la capacidad que tiene un objeto de adaptarse a las características fisiológicas de un determinado individuo. Ambas cualidades han sido muy bien estudiadas por los fabricantes de cascos. El motivo es que la forma y tamaño del cráneo difiere mucho de unas personas a otras.

La cantidad de posibilidades de regulación que tenga un casco es otro factor que influye en su precio. Así mismo influyen la calidad del acolchado, las posibilidades de regulación del barboquejo y del perímetro craneal, o el tipo de cierre.


Ventilación

En otros países no será tan importante este tema, pero en España la ventilación de un casco es crucial. Nuestros veranos son muy largos, y llevar un casco mal ventilado termina convirtiéndose en un suplicio. Alguien podría pensar que es sencillo, que bastaría con hacer muchos agujeros y muy grandes. Sí, pero hay que tener en cuenta que la primera premisa sobre la que se debe desarrollar un casco es la seguridad. No se pueden hacer agujeros a troche y moche en cualquier sitio, sin hacer un estudio previo sobre cómo absorben los impactos las zonas restantes.


Modelos varios

Volveremos a decir eso de «es imposible comentar todas las marcas y modelos de cascos existentes en el mercado». Por eso nos vamos a limitar a exponer varios modelos de cuatro de las mayores marcas de cascos: Giro, Bell, Met y Kask.

Antes de nada, comentar que nada tienen que ver las necesidades de un casco de descenso con de uno de carretera.

Podemos tener un casco único y utilizarlo tanto para carretera como para montaña, salvo que hagamos descenso o enduro. En este caso no es aconsejable.

Vamos a ver algunos modelos de estas cuatro marcas que destacan por alguna innovación tecnológica o por alguna singularidad.

Giro Vanquish MIPS: hemos escogido este casco porque quizá se convierta en tendencia para cascos de carretera y urbanos. Cascos que integran las gafas, al modo que lo hacen algunos cascos de moto sin mentonera. Un casco de 259 €, menos caro de lo que parece, pues incorpora sistema MIPS, es muy aerodinámico y la lente que lleva es Zeiss.

Bell Super Air R Spherical: un casco de enduro con mentonera desmontable. Un dos en uno que también incorpora el sistema MIPS. Su PVP es de 299´95 €. Todos los cascos integrales son caros.

Met Vinci Mips: un casco con las más modernas medidas de seguridad, con un precio aquilatado: 100 €.

Kask Protone: un clásico de la marca, de los más vendidos últimamente. Tiene un sistema de fabricación que en lugar de ser un simple In-Mold Kask es un proceso más complejo que Kask denomina triple In-Mold. Su PVP es de 335 €.

También nos encontramos con cascos que cumplen perfectamente con la normativa de seguridad y con unos precios más moderados, como por ejemplo el Giro Fixture o el Bell Tracker.

 

Conclusión

Como siempre, el primer factor a tener en cuenta a la hora de adquirir un casco es nuestro presupuesto. Todos los cascos protegen, aunque no todos protejan igual. Lo que sí es indudable es que es una temeridad montar en bici sin casco. Ni siquiera por ciudad, que el asfalto es muy duro. Os lo dice alguien a quien le han dado veinte puntos junto a la sien, y eso que llevaba un casco muy bueno, de no haberlo llevado es más que probable que no estuviera escribiendo ahora este post.

Otra cuestión que pocos tienen en cuenta es que los cascos tienen una duración aproximada de cinco años. La elasticidad de los materiales varía con el paso del tiempo, y la capacidad de absorción de los mismos va disminuyendo de manera paulatina durante esos cinco primeros años y de forma mucho más severa a partir de entonces. Si tienes en casa un casco que se te había olvidado y tiene diez años, que sepas que su función como protector estará muy mermada.

Además. hay que saber que si has sufrido un fuerte impacto debes cambiar el casco, pues su capacidad de absorción se verá muy mermada tras el golpe. Y, por descontado, no se debe utilizar un casco que esté roto, pues su eficacia es similar a la de una chichonera.

Esperamos que esta información te haya servido para disipar algunas dudas.

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